Fundemac

Verónica, Zaragoza, España

Verónica, Zaragoza, España

“Se me agita el corazón y me pide que algún día tendré que volver”.

(Febrero 2005)

Nunca olvidaré el 19 de febrero de 2005, ése fue el día que partimos a El Salvador y ahí comenzó nuestra aventura; pasamos unos días en San Salvador para conocer la universidad y algunos de los sitios más interesantes, para lo que iban a ser nuestras prácticas como maestros.

A los pocos días llegamos a Morazán, algunos con el estómago todavía revuelto y otros un  poco asustados, era todo tan diferente… Cuando viajas a más de mil kilómetros de tu casa y llegas a un país subdesarrollado que nada tiene que ver con lo que puedas encontrar al salir de tu casa o ver por la tele, es muy impactante.

Pero el bienestar llegó enseguida, cuando cruzamos la puerta de FUNDEMAC. Tuvimos la suerte de caer en sus manos, tan generosas, y poder ver cómo  desarrollaban su trabajo y cómo se conseguía que muchos niños pudieran tener material escolar, o que muchas comunidades pudieran mejorar su calidad de vida entre otras muchas actividades y proyectos.

FUNDEMAC para mí supone un apoyo incondicional, un impulso hacia el desarrollo y al progreso desde los más pequeños hasta los más mayores, y un guiño a la esperanza para los más necesitados.

En relación a mis prácticas como maestra comencé en un centro de parvularia, en un cantón que se encuentra a 8 kilómetros de San Francisco Gotera, allí había unos 60 niños matriculados y una única maestra que se encargaba de realizar y coordinar todas las actividades de la escuela. A simple vista recuerdo que consideraba mi misión como algo imposible, eran muchos niños y pocos recursos, pero con el día a día y el empeño me di cuenta de que sí era posible, todo era cuestión de proponérselo. Junto a mi compañera preparamos algunas sesiones de iniciación a la lectoescritura, conceptos básicos de lógica matemática, juegos, canciones y cuentos. Preparábamos láminas de trabajo y dibujos para colorear a mano, realizábamos grandes dibujos en la pizarra y utilizábamos todo el material del aula como recursos didácticos.

Durante todo el camino que recorrimos allí al final, aprendimos a trabajar con lo poco que teníamos,  pero nos dimos cuenta de que podíamos conseguir mucho más de lo que nosotros podíamos imaginar, ver cómo con el paso de los días los niños mejoraban su escritura, reconocían algunas vocales, o aprendían a contar, suponía un gran reto.

Pero eso no fue todo, el hecho de verles sonreír cada día cuando llegábamos, o escucharles cuando contaban cualquier cosa sobre su vida, me hizo aprender que yo no sólo estaba allí para realizar mis prácticas docentes. Había llegado hasta allí para escuchar, para ver y conocer otra cultura totalmente distinta a la mía, pero sobretodo, para aprender, madurar y saber que a pesar de las condiciones en las que vivas, la vida es para vivirla y disfrutarla a cada paso, que no importa lo que te falte porque siempre encontrarás una mano que te ayude o un hombro en el que apoyarte.

Contaros cómo fue mi experiencia en El Salvador no es sólo escribiros unas cuantas palabras, o unas anécdotas, porque me resulta muy difícil describir todas y cada una de las sensaciones que se despertaron dentro de mí y que ya nunca más han podido volver a dormirse.

Todavía ahora, cuatro años después de mi último viaje allí, cuando oigo hablar de El Salvador se me agita el corazón y me pide que algún día tendré que volver.

Creo que el mejor consejo que puedo darles a las personas que piensen en realizar allí unas prácticas o un voluntariado, es que lo vivan y lo disfruten exprimiendo cada segundo que tengan de tiempo, porque es una de las experiencias más bonitas que van a tener en su vida.

Y por supuesto, no puedo terminar sin dar las gracias. Así que, gracias a todas las personas que estuvieron a mi lado, en los buenos y en los malos momentos, por su cariño, su apoyo y su comprensión.

Muchas gracias.

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